Recuerdo que en mi primer trabajo por cuenta ajena, mi jefe acostumbró a llamarme por teléfono al despacho todos los días a las 15:15. He de reconocer que algo de culpa de tan extraño hábito tuve yo.
Coincidió el desarrollo de su costumbre con una etapa de mucho trabajo para mí, por lo que me quedaba a comer en el despacho. Así que cada vez que me llamaba a las 15:15, yo estaba comiéndome uno de esos deliciosos sandwiches de máquina (lo de delicioso, como se puede presuponer es un decir), y cogía el teléfono. Si no me hubiera quedado a comer, nunca le hubiera cogido el teléfono a las 15:15.
Pero lo curioso sucedió cuando después de varias protestas estomacales producidas por los "deliciosos" sandwiches y los "estupendos" cafés de máquina, decidí un día irme a mi casa a comer. Al volver al despacho en el horario de tarde (que empezaba a las 16:00), mi jefe me llamó contrariado. La razón de su molestia era que me había llamado a las 15:15 y no estaba en el despacho. A lo que respondí que me había ido a comer a casa.
Moraleja: lo que para nosotros pueden ser excepciones en nuestra forma de actuar, si persistimos lo suficiente, lo que para nosotros seguirá siendo una excepción para otros será "normal". Y pasará a ser exigido como la manera adecuada de actuar.
Saludos,
Raúl.
Este blog es un recordatorio, un compendio de historias que no me gustaría olvidar. Anécdotas que me sirvieron para aprender. Y actualmente utilizo en los cursos que imparto de desarrollo de habilidades personales.
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
domingo, 25 de noviembre de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Visteme despacio...
Uno de los casos que más rápido se resolvieron durante mi trabajo como psicólogo clínico, fue el de un problema de lectura de un niño de 7 años.
En una primera entrevista con los padres me contaron que su hijo había comenzado a leer bien, pero que en ese año, había empezado a cometer numerosos errores en la lectura.
Cuando estuve con el chico constaté que leía atropelladamente, se equivocaba al leer ciertas palabras, y sobre todo, pude observar su estado de tensión y nerviosismo.
En la tercera sesión, y última, di instrucciones a los padres para que dejaran de apremiar al chaval para que leyera bien. Y les indiqué que tenían que animarle a que leyera despacio, y que valoraran no su calidad lectora, sino su lentitud en la lectura. A las dos semanas, me llamaron los padres para informarme de que el chico ya no cometía equivocaciones al leer.
Y es que cada cosa lleva su tiempo, y en ocasiones tratar de violentar la natural cadencia de las cosas puede llevar a consecuencias indeseadas.
Saludos,
Raúl.
En una primera entrevista con los padres me contaron que su hijo había comenzado a leer bien, pero que en ese año, había empezado a cometer numerosos errores en la lectura.
Cuando estuve con el chico constaté que leía atropelladamente, se equivocaba al leer ciertas palabras, y sobre todo, pude observar su estado de tensión y nerviosismo.
En la tercera sesión, y última, di instrucciones a los padres para que dejaran de apremiar al chaval para que leyera bien. Y les indiqué que tenían que animarle a que leyera despacio, y que valoraran no su calidad lectora, sino su lentitud en la lectura. A las dos semanas, me llamaron los padres para informarme de que el chico ya no cometía equivocaciones al leer.
Y es que cada cosa lleva su tiempo, y en ocasiones tratar de violentar la natural cadencia de las cosas puede llevar a consecuencias indeseadas.
Saludos,
Raúl.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
