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domingo, 25 de noviembre de 2012

Las excepciones que se convierten en exigencias por los demás.

Recuerdo que en mi primer trabajo por cuenta ajena, mi jefe acostumbró a llamarme por teléfono al despacho todos los días a las 15:15. He de reconocer que algo de culpa de tan extraño hábito tuve yo.

Coincidió el desarrollo de su costumbre con una etapa de mucho trabajo para mí, por lo que me quedaba a comer en el despacho. Así que cada vez que me llamaba a las 15:15, yo estaba comiéndome uno de esos deliciosos sandwiches de máquina (lo de delicioso, como se puede presuponer es un decir), y cogía el teléfono. Si no me hubiera quedado a comer, nunca le hubiera cogido el teléfono a las 15:15.



Pero lo curioso sucedió cuando después de varias protestas estomacales producidas por los "deliciosos" sandwiches y los "estupendos" cafés de máquina, decidí un día irme a mi casa a comer. Al volver al despacho en el horario de tarde (que empezaba a las 16:00), mi jefe me llamó contrariado. La razón de su molestia era que me había llamado a las 15:15 y no estaba en el despacho. A lo que respondí que me había ido a comer a casa.

Moraleja: lo que para nosotros pueden ser excepciones en nuestra forma de actuar, si persistimos lo suficiente, lo que para nosotros seguirá siendo una excepción para otros será "normal". Y pasará a ser exigido como la manera adecuada de actuar.

Saludos,
Raúl.

martes, 5 de junio de 2012

Lo complicado de valorar las consecuencias: el dedo meñique de mi mano izquierda.

Esto ocurrió cuando era muy pequeño, quizá cuando tenía 3 ó 4 años. Volvíamos de un viaje familiar, y al bajar del coche, mi hermano mayor descubrió unas piedras colocadas en hilera. Eran de un tamaño bastante grande, así que anduvo sobre la hilera de piedras haciendo equilibrios y saltó unos cristales rotos que había al finalizar la fila de piedras. Yo, ni corto ni perezoso, traté de imitar a mi hermano. Así que caminé por encima de las piedras, pero al finalizar éstas, no salté los cristales, sino que salté en los cristales. Puse las manos, y me corté en la mano izquierda.

Este suceso fue el que provocó que desde entonces no pueda doblar el dedo meñique de la mano izquierda, y que tenga una cicatriz considerable en la mano. El corte seccionó los tendones de tres de los dedos de mi mano izquierda (corazón, anular y meñique), y fue imposible coser el del dedo meñique, ya que se retrajo rápidamente.

- "Bueno, es el dedo meñique... es la mano izquierda..." me decía la gente tratando de restarle importancia a lo sucedido.

Y la verdad es que no poder doblar el dedo meñique de la mano izquierda, no ha sido una barrera en mi vida. Pero de lo que nadie se dio cuenta en ese momento, fue de una consecuencia que si no me gustase la música ni siquiera yo me hubiera dado cuenta jamás. Y es la complicación de tocar un instrumento musical (guitarra, teclado, flauta...) sin poder doblar el dedo meñique de la mano izquierda.

Y es que en ocasiones es muy complicado prever las consecuencias de ciertos hechos o comportamientos, aunque sean tan pequeños como el dedo meñique de la mano izquierda.

Saludos,
Raúl.