He de reconocer que en mi juventud tuve una etapa de estudiante rebelde. Comenzó en 2º de EGB y me duró hasta 3º de BUP. Más o menos de los 7 a los 17 años.
En 4º de EGB, tuve algunos rifirrafes con mi profesora (que era una santa), y que llegaron a su culmen un día que ya desesperada, me espetó:
- ¡Raúl, coge la puerta y vete fuera de clase! ¡Al pasillo!
Me levanté de la silla y me dirigí directo a la puerta. Un grito de la profesora evitó que sacara la puerta de sus goznes, que ya tenía bien agarrada.
Constantemente utilizamos frases hechas sin darnos cuenta. Y una reacción literal de los demás a nuestra comunicación nos dejaría estupefactos. Como muestra un botón:
Dos personas se cruzan por la calle, le dice una a otra:
- Perdona, ¿tienes hora?
El otro responde:
- Sí.
Y continúa andando.
Saludos,
Raúl.
Este blog es un recordatorio, un compendio de historias que no me gustaría olvidar. Anécdotas que me sirvieron para aprender. Y actualmente utilizo en los cursos que imparto de desarrollo de habilidades personales.
martes, 22 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
Los valores en la empresa.
Hay hechos que ocurren en la vida de una persona que pueden hacer cambiar su trayectoria. Profesionalmente, tuve un punto de inflexión hace años. Fue un hecho, uno solo... quizá para otra persona no hubiera tenido ningún significado, pero para mí lo tuvo.
Ese hecho se produjo en una reunión de trabajo hace bastantes años. En esa reunión estábamos mi jefe, una compañera y yo. Mi jefe en un momento de la reunión, comenzó a echar en cara a mi compañera, de muy malas maneras, ciertos comportamientos y actitudes de ella. Tanto tiempo duró la bronca, y tan desagradable fue, que mi compañera rompió a llorar.
En ese momento supe que mis días en esa empresa, estaban contados. Yo no quería trabajar en una empresa en la que se faltara al respeto a las personas. Unos meses después dejaba la empresa.
Actualmente, se puede encontrar en cualquier empresa, colgado de la pared un documento en el que se recoge la misión, visión y valores de la organización. El papel lo aguanta todo. Pero los hechos, las evidencias, los comportamientos de las personas, son la prueba real de los valores que tiene una organización. Actualmente, muchas empresas se jactan de que uno de los valores más importantes (sino el más importante) son las personas. Pero muchas veces los comportamientos van por otro lado. Y son precisamente las personas que tienen puestos de responsabilidad en las empresas, los que deben ser ejemplo permanente de esto.
Y es que independientemente de que se tenga razón o no, el respeto y las formas es algo que un jefe nunca puede llegar a perder con su equipo. Jamás.
Saludos,
Raúl.
Ese hecho se produjo en una reunión de trabajo hace bastantes años. En esa reunión estábamos mi jefe, una compañera y yo. Mi jefe en un momento de la reunión, comenzó a echar en cara a mi compañera, de muy malas maneras, ciertos comportamientos y actitudes de ella. Tanto tiempo duró la bronca, y tan desagradable fue, que mi compañera rompió a llorar.
En ese momento supe que mis días en esa empresa, estaban contados. Yo no quería trabajar en una empresa en la que se faltara al respeto a las personas. Unos meses después dejaba la empresa.
Actualmente, se puede encontrar en cualquier empresa, colgado de la pared un documento en el que se recoge la misión, visión y valores de la organización. El papel lo aguanta todo. Pero los hechos, las evidencias, los comportamientos de las personas, son la prueba real de los valores que tiene una organización. Actualmente, muchas empresas se jactan de que uno de los valores más importantes (sino el más importante) son las personas. Pero muchas veces los comportamientos van por otro lado. Y son precisamente las personas que tienen puestos de responsabilidad en las empresas, los que deben ser ejemplo permanente de esto.
Y es que independientemente de que se tenga razón o no, el respeto y las formas es algo que un jefe nunca puede llegar a perder con su equipo. Jamás.
Saludos,
Raúl.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Yo, becario honorífico del departamento de Psicología.
"Todo es bueno para el convento", y más todavía cuando se trata de aprender, porque uno nunca sabe ni dónde ni cómo sonará la flauta. Me explico.
Durante cuarto de carrera de Psicología, formé parte del departamento de Psicología de la universidad de Valladolid como Becario Honorífico. Esto significaba que era un gran honor ser becario, y por lo tanto no cobrabas un duro. Pero tampoco me importaba, ya que yo lo interpretaba como una inversión de futuro. Pues bien, ¿cuál fue el motivo por el que me nombraron Becario Honorífico? ¿Mis calificaciones? No. Fue mis conocimientos de informática.
Si no recuerdo mal, el primer PC entró en mi casa cuando yo estaba estudiando segundo o tercero de carrera. Lo primero que hice, fue cogerme un manual de Windows 95 (sí, hace ya años), y empollármele. Después pasé al de Word, y también al de Excel. Con el de Access no pude.
Después me pasé a internet. Yo era de los que se conectaba, gracias a la tarifa por tiempo de Telefónica, con aquel módem antiguo... ¡qué tiempos en los que no había banda ancha! ¡Y esas tarifas! Me conectaba a partir de las 00:00 porque era más barato, ya que me lo pagaba de mi bolsillo... Y ese ruido de conexión, tan solo comparable al de la grabación de las cintas de cassette en el ZX Spectrum... Sí, efectivamente, en aquel tiempo no había aún redes sociales (que parece que han estado ahí toda la vida), ¡ni si siquiera el feisbuk! En aquellos tiempos, lo raro era tener email.
Bueno, pues como iba diciendo, gracias a lo que había aprendido, sobre todo, de internet, del uso del correo electrónico y sobre páginas web, pude hacerme un sitio en el departamento. Mi labor fue ayudar al profesorado del departamento a manejarse con las nuevas tecnologías, configurar PCs y arreglar desaguisados informáticos de todo tipo. Y es que, como decía al principio, en cuestión de conocimiento... "todo es bueno para el convento".
Qué tiempos aquellos...
Saludos,
Raúl.
Durante cuarto de carrera de Psicología, formé parte del departamento de Psicología de la universidad de Valladolid como Becario Honorífico. Esto significaba que era un gran honor ser becario, y por lo tanto no cobrabas un duro. Pero tampoco me importaba, ya que yo lo interpretaba como una inversión de futuro. Pues bien, ¿cuál fue el motivo por el que me nombraron Becario Honorífico? ¿Mis calificaciones? No. Fue mis conocimientos de informática.
Si no recuerdo mal, el primer PC entró en mi casa cuando yo estaba estudiando segundo o tercero de carrera. Lo primero que hice, fue cogerme un manual de Windows 95 (sí, hace ya años), y empollármele. Después pasé al de Word, y también al de Excel. Con el de Access no pude.
Después me pasé a internet. Yo era de los que se conectaba, gracias a la tarifa por tiempo de Telefónica, con aquel módem antiguo... ¡qué tiempos en los que no había banda ancha! ¡Y esas tarifas! Me conectaba a partir de las 00:00 porque era más barato, ya que me lo pagaba de mi bolsillo... Y ese ruido de conexión, tan solo comparable al de la grabación de las cintas de cassette en el ZX Spectrum... Sí, efectivamente, en aquel tiempo no había aún redes sociales (que parece que han estado ahí toda la vida), ¡ni si siquiera el feisbuk! En aquellos tiempos, lo raro era tener email.
Bueno, pues como iba diciendo, gracias a lo que había aprendido, sobre todo, de internet, del uso del correo electrónico y sobre páginas web, pude hacerme un sitio en el departamento. Mi labor fue ayudar al profesorado del departamento a manejarse con las nuevas tecnologías, configurar PCs y arreglar desaguisados informáticos de todo tipo. Y es que, como decía al principio, en cuestión de conocimiento... "todo es bueno para el convento".
Qué tiempos aquellos...
Saludos,
Raúl.
martes, 24 de abril de 2012
Lenguaje no verbal internacional.
Uno de los proyectos europeos de mi anterior trabajo, me llevó a Atenas. Allí debía impartir un curso de "Formación de Formadores" a unos diez agentes de viajes rumanos... Ya veis, cosas que tiene la vida...
Pues bien, el curso duró un día, 6 horas, y al finalizar éste pregunté a una de las personas que componía la "delegación" rumana y que era gerente de una consultora de RR.HH. rumana (Cristia Maksutovici), qué le había parecido la formación. Ella me contestó que le había parecido muy bien, muy completa y la sesión había resultado muy participativa.
Pero también me dio un consejo: "La próxima vez que hables delante de rumanos, no te metas las manos en los bolsillos del pantalón. Para nosotros es una falta de respeto."
Así que ya sabéis, si habláis delante de rumanos, cuidad vuestro lenguaje no verbal. Y es que el lenguaje no verbal tiene muchas particularidades internacionales.
Saludos,
Raúl.
viernes, 20 de abril de 2012
La comunicación interna.
Mi primera lección sobre comunicación interna, la recibí en la primera empresa donde trabajé. Y de esto hace ya muchos años, pero aún me sigue haciendo muchísima gracia.
En aquel trabajo, yo disponía de despacho propio, donde trabajaba con mi ordenador con conexión a internet. Recuerdo que en mi segundo día de trabajo, me acerqué a una compañera y le dije: "A partir de ahora, para comunicarnos, utilizaremos el email". Mi razonamiento era obvio: barato, rápido, novedoso y tecnológico. He de reconocer avergonzado que su puesto de trabajo y mi despacho estaban a una distancia de 6 ó 7 metros. Evidentemente la propuesta no prosperó, y nunca nos comunicamos por email.
Pasados los meses, un día recordando anécdotas pasadas ocurridas en la oficina, salió a colación esta anécdota que acabo de relatar. Entonces me enteré de que estuvieron dos semanas riéndose a mi costa en la oficina, por la ocurrencia que había tenido.
Recuerdo que mi compañera Marta me dijo: "¡Pero cómo no nos íbamos a partir de la risa, si aquí cuando tenemos que decir algo a alguien pegamos un grito y ya está!". (Y he de reconocer que así era).
Y es que, evidentemente, en la comunicación interna el establecimiento de canales de comunicación no siempre ayuda, y donde esté la comunicación cara a cara, que se quite todo lo demás.
Saludos,
Raúl.
En aquel trabajo, yo disponía de despacho propio, donde trabajaba con mi ordenador con conexión a internet. Recuerdo que en mi segundo día de trabajo, me acerqué a una compañera y le dije: "A partir de ahora, para comunicarnos, utilizaremos el email". Mi razonamiento era obvio: barato, rápido, novedoso y tecnológico. He de reconocer avergonzado que su puesto de trabajo y mi despacho estaban a una distancia de 6 ó 7 metros. Evidentemente la propuesta no prosperó, y nunca nos comunicamos por email.
Pasados los meses, un día recordando anécdotas pasadas ocurridas en la oficina, salió a colación esta anécdota que acabo de relatar. Entonces me enteré de que estuvieron dos semanas riéndose a mi costa en la oficina, por la ocurrencia que había tenido.
Recuerdo que mi compañera Marta me dijo: "¡Pero cómo no nos íbamos a partir de la risa, si aquí cuando tenemos que decir algo a alguien pegamos un grito y ya está!". (Y he de reconocer que así era).
Y es que, evidentemente, en la comunicación interna el establecimiento de canales de comunicación no siempre ayuda, y donde esté la comunicación cara a cara, que se quite todo lo demás.
Saludos,
Raúl.
domingo, 15 de abril de 2012
Mi trauma infantil.
¿Recuerdas cuál fue tu primer fracaso? ¿Tu primer error consciente? ¿A qué edad fue? Yo recuerdo perfectamente el mío. Ocurrió cuando tenía 3 años.
Mis padres me llevaron a realizar las pruebas para entrar en el colegio. Recuerdo perfectamente el aula donde me hicieron las pruebas, el color de la mesa, el tipo de silla en el que me senté...
La prueba donde "metí la pata", fue en una lámina de vocabulario que trataba sobre el campo. La prueba consistía en lo siguiente: la profesora iba señalando diferentes dibujos y yo tenía que decir qué representaban. El nombre del dibujo.
Así fui nombrando todos los dibujos, hasta que llegué a uno que no pude decir. No es que no supiera lo que era, lo sabía perfectamente. Pero no me salía la palabra. Yo era consciente de que me estaba jugando entrar en ese colegio. Y me acuerdo perfectamente de que lo pasé mal. No me salía la palabra, y conocía perfectamente qué era eso que representaba el dibujo. Pero la palabra no me salió.
Al final no tuvo la menor importancia, ya que entré en el colegio. Pero cuando salí del aula donde hacían las pruebas, estaba enfadado conmigo, por ese primer fracaso. Cuando llegué a casa me acordé de la maldita palabra. Pero ya era demasiado tarde.
Me parece increíble que siga estando este episodio de mi vida tan fresco en mi memoria, después de tantos años. Se ve que me estoy haciendo mayor... Mejor dicho, qué persistente es la memoria emocional. ¡Que tampoco estoy tan mayor!
Saludos,
Raúl.
P.D: El dibujo representaba un tractor.
Mis padres me llevaron a realizar las pruebas para entrar en el colegio. Recuerdo perfectamente el aula donde me hicieron las pruebas, el color de la mesa, el tipo de silla en el que me senté...
La prueba donde "metí la pata", fue en una lámina de vocabulario que trataba sobre el campo. La prueba consistía en lo siguiente: la profesora iba señalando diferentes dibujos y yo tenía que decir qué representaban. El nombre del dibujo.
Así fui nombrando todos los dibujos, hasta que llegué a uno que no pude decir. No es que no supiera lo que era, lo sabía perfectamente. Pero no me salía la palabra. Yo era consciente de que me estaba jugando entrar en ese colegio. Y me acuerdo perfectamente de que lo pasé mal. No me salía la palabra, y conocía perfectamente qué era eso que representaba el dibujo. Pero la palabra no me salió.
Al final no tuvo la menor importancia, ya que entré en el colegio. Pero cuando salí del aula donde hacían las pruebas, estaba enfadado conmigo, por ese primer fracaso. Cuando llegué a casa me acordé de la maldita palabra. Pero ya era demasiado tarde.
Me parece increíble que siga estando este episodio de mi vida tan fresco en mi memoria, después de tantos años. Se ve que me estoy haciendo mayor... Mejor dicho, qué persistente es la memoria emocional. ¡Que tampoco estoy tan mayor!
Saludos,
Raúl.
P.D: El dibujo representaba un tractor.
viernes, 6 de abril de 2012
Cómo descubrí lo que significa "hacer gestiones".
En la vida uno va descubriendo palabras que no sabe muy bien lo que significan, y que por eso no se atreve a utilizarlas en demasía. Hasta que le explican o descubre su significado, lo cual en ocasiones no resulta sencillo. Lo que me pasó, por ejemplo, con el término "política". Un día le pregunté a mi padre qué significaba, y no logró liberarme de mis dudas. (Al igual que cuando le pregunté sobre la palabra "economía")
Pero recuerdo con gran satisfacción el día que descubrí, simplemente mediante la observación, qué significaba la expresión "hacer gestiones".
En uno de mis trabajos anteriores, todas las mañanas, sobre las once y media, una persona salía de la oficina diciendo "Me voy a hacer unas gestiones". Yo no sabía lo que era eso, hasta que un día observé que volvía con el periódico, y una barra de pan bajo el brazo.
A partir de ese día, descubrí que yo llevaba haciendo gestiones un montón de tiempo todos los sábados y domingos por la mañana. Y yo sin saberlo...
Saludos,
Raúl.
Pero recuerdo con gran satisfacción el día que descubrí, simplemente mediante la observación, qué significaba la expresión "hacer gestiones".
En uno de mis trabajos anteriores, todas las mañanas, sobre las once y media, una persona salía de la oficina diciendo "Me voy a hacer unas gestiones". Yo no sabía lo que era eso, hasta que un día observé que volvía con el periódico, y una barra de pan bajo el brazo.
A partir de ese día, descubrí que yo llevaba haciendo gestiones un montón de tiempo todos los sábados y domingos por la mañana. Y yo sin saberlo...
Saludos,
Raúl.
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